La historia de las tijeras
Desde finales del siglo XVI a principios del XIX se obraron en Albacete tijeras de escritorio de extraordinaria belleza.
El crecimiento del número y de la actividad de oficinas eclesiásticas y civiles (notarías, juzgados, cancillerías y escritorios particulares) y el auge de la imprenta provocaron un paulatino aumento del uso de papel lo que, a su vez, hizo preciso un mayor empleo de tijeras adecuadas –las denominadas de escribanía o de escritorio- para cortar los irregulares bordes o barbas de las hojas y obtener los tamaños que en cada momento se precisaban.
En muchas de estas largas y estrechas tijeras de escribanía se grabaron leyendas, el nombre del artesano, el año de elaboración y, a veces, el nombre y oficio o dignidad de la persona que realizaba el encargo del trabajo. Tales datos, fundamentales para su estudio, han permitido concluir que la mayoría de estas tijeras se obraron en Chinchilla y Albacete.
En su decoración se empleaban cenefas con motivos florales, plumas, pájaros, grandes hojas y ondas grabadas en las cuchillas.
La ornamentación de los diferentes elementos –cuchillas, escudete, brazos y anillos- las convertían en pequeñas obras de arte.
Las tijeras despabiladeras se usaban para quitar la parte ya carbonizada del pabilo o torcida de las velas, candiles, faroles, lamparillas y otros utensilios para el alumbrado con el fin de que produjeran una buena llama.
Articuladas y con anillos, tienen una cuchilla con una plaquita que corta el pabilo, depositándolo en una pequeña caja -casi siempre de base rectangular- situada en la segunda cuchilla. Ésta termina en punta para levantar la torcida o mecha y facilitar su corte y acondicionamiento. Las tijeras se apoyan sobre tres apéndices o patas.

Acero de carbono 17,5 cm
Donación Familia Núñez

